Revisado en octubre de 2026. Es una guía orientativa: confirma tu caso concreto con la administración o una asesoría.
Qué es
Hay muchas definiciones de responsabilidad social, según el tipo de organización que la formule. Suele hablarse de RSC (responsabilidad social corporativa) o RSE (de las empresas). Aquí preferimos hablar de responsabilidad social de las organizaciones, porque afecta igual a asociaciones, administraciones o cualquier otra entidad.
La idea de fondo es sencilla: toda organización forma parte de la sociedad y tiene responsabilidad sobre las consecuencias de lo que hace en lo ambiental, lo social y lo económico, además de una obligación de transparencia con su entorno.
Se trata de un compromiso que va más allá de cumplir la ley, y que se traduce en prácticas transparentes y basadas en principios éticos.
Las asociaciones contribuyen a mejorar la vida de las personas por sus fines, pero también por cómo trabajan. Aun así, cualquier organización, sea cual sea su objetivo, debe revisar su funcionamiento y su relación con sus grupos de interés (socios, voluntarios, participantes, financiadores, vecinos…) y buscar cómo mejorar.
Cómo afecta a las asociaciones
Para una asociación, la responsabilidad social es sobre todo una cuestión ética. La sociedad exige cada vez más a las organizaciones, y la rendición de cuentas se ha convertido en parte de la legitimidad del tercer sector: explicar lo que se consigue forma parte del compromiso que las asociaciones adquieren con la sociedad.
Además, la responsabilidad social de las empresas tiene efectos directos sobre las asociaciones:
- Muchas empresas promueven el voluntariado corporativo entre su plantilla y facilitan su participación en proyectos de entidades sociales.
- Otras financian proyectos de asociaciones y fundaciones como parte de su compromiso con el entorno.
Es decir, la responsabilidad social de las empresas puede canalizar recursos hacia proyectos de interés general. Pero para aprovecharlo, las propias asociaciones tienen que demostrar su compromiso e incluir la responsabilidad social en su estrategia.
La actitud importa: se puede ver como una exigencia más que condiciona el trabajo, o como una oportunidad para construir una organización mejor y más integrada en su entorno.
Cómo ponerla en práctica
No hay un marco obligatorio, pero sí recomendaciones. Lo más útil es plasmar el compromiso en un plan de acción realista y concreto, con mejoras progresivas en aspectos como:
- La política de personas, contratadas y voluntarias.
- El trato a las personas participantes o beneficiarias.
- Las inversiones y la banca con la que se trabaja.
- El uso responsable de los recursos materiales.
- El impacto ambiental de las actividades.
- La transparencia: medir resultados, publicar informes y rendir cuentas.
Las fases de un plan de acción son:
- Análisis de la situación.
- Definición de la estrategia.
- Puesta en práctica.
- Evaluación y comunicación de resultados.
- Revisión del plan.